Hace algún tiempo leí Invictus, un poema escrito por Ernest Henley que durante miles de noches inspiró a Nelson Mandela, o Madiba para los suyos, durante las noches que pasó encarcelado y le dieron la esperanza para poder unir un país dividido.
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses, si existen,
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia,
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas
e ira yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años,
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.



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