Y otro año más que se va ya.
Ahora es el momento de recordar todo aquello que nos propusimos hacer y no cumplimos, pero también toca recordar todos esos pequeños momentos que formaron el año. Esa secuencia rápida de fotografías que al juntarlas hacen una especie de película sobre la vida. Y es que todo comenzó como termina en este momento. Un brindis con cava, champán, agua... sonrisas alrededor de una mesa, un año más de mecano sonando de fondo, acompañada por un coro compuesto por petardos, matasuegras, el llanto de un niño asustado, y la tos de otro atragantándose con las uvas porque no le ha dado tiempo a comerse todas. Todos con collares, sombreritos de cartón, antifaces dándose besos, muchos besos y abrazos. Tras el telefono que suena al fondo del salón la voz de un abuelo que quiere felicitar el año....
Y poco a poco recordamos los cumpleaños, los viajes, el verano de tu vida, la graduación, esos amaneceres en una isla tras una noche de juerga, madrugar para cumplir el propósito de hacer el Camino de Santiago. Una manifestación en la que luchas por tus derechos, gente que regala abrazos, malas noticias, buenas noticias.
Las tardes de estudio para selectividad, los viajes de esquí para descansar, una lesión, la rehabilitación. Una fiesta sorpresa, la mayoría de edad, enseñar orgulloso el carnet en el supermercado, tu primer coche. Que te acepten en la universidad que quieres, el primer día de universidad y sus nervios. Una mudanza para empezar a vivir fuera, muchas cajas que desempaquetar, un salón nuevo que decorar, amigos nuevos, ciudad nueva, una despedida. La vuelta a casa después de un tiempo, el reencuentro con tu familia, volver a comer el cocido de tu madre después de tanto tiempo.
Un concierto, el dolor de garganta durante la semana después del concierto, las fiestas de tu pueblo, las de tu nueva ciudad. Una escapada un fin de semana con gente que no conoces, la vuelta de ese fin de semana con amigos para toda la vida. Dar la bienvenida al mundo a algunos, despedirse de los que no volveremos a ver. ese pinchazo en la rueda en mitad de la nada, correr cada día para no perder el autobús, perderte por Europa, descubrir lugares inimaginables, comer en Chinatown, preparar un plato con el que sorprender a todo el mundo...
Y entre foto y foto tomarse un chocolate con churros, un café con leche y un trozo de roscón con bien de nata para empezar bien el año mientras suena el concierto de año nuevo y comienzas en pensar los propósitos para este año.





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